LA NUEVA PINTURA DE BORGES SOTO
Si antes de esta serie de pintura que ahora exhibe, se pensara en
al arte de Roland Borges Soto, vendría a nuestra mente toda una trayectoria de
obras realizadas mediante aerosoles, de color evasivo a los bordes, huidizos a
la fijación de márgenes, de continúa expansión de color irradiando un tono
hacia otro. Podría recordarse una serie
exhibida en los años de 1990 y 1992, que acogen letras y cifras en su modo
compositivo (como lo había dejado explícito su maestro Félix Bonilla Norat) con
lo que rendía tributo a su tutor artístico.
Nos hallamos ahora frente a técnicas en entera oposición a las
delicadezas esfumadas de sus aerosoles.
Lo que era en indefinición de los contornos de las formas, ahora hallan
el espacio justo dónde están delineados.
Esta nueva empresa de Borges Soto, redescubre fórmula de representación
que había dejado apenas exploraradas en sus obras de los años de 1974 a
1986. Insinúa la figura pero a la vez
huye de la figura. Se insinúa la
geometría y a la vez escapa de la geometría.
Se manifiesta la abstracción y
al mismo tiempo se concretan las formas. La pasta del pigmento adquiere cuerpo. La pintura, material, saluda en primer plano, antes que los
objetos sugeridos o in-formados. Borges
Soto, en fin, haya las formulas para una renovación en su pintura aún sabiendo
que le sale al encuentro a aquellos atisbos que dejara inconclusos tres décadas
atrás.
Cuando hablamos de fórmulas se hace referencia a características
intrínsecas a una serie de obras de un artista. Por lo regular, artistas y críticos confunden manera con
estilo. El estilo de un artista es uno,
no importa las vertientes externas que asuma en sus representaciones sobre el
plano del papel o el lienzos. La
manera... pudiera ser sobre los "tics" de los que cada artista se
vale para fijarse una personalidad visible, externa, manifestada ex profeso en
sus creaciones.
En esta nueva producción de Borges Soto, hay un objeto recurrente
que sugiere metal - cuándo menos sus cualidades van de la plata al acero, pues
sus tonos, violáceos en ocasiones, azul claro en otras, matizan a sus blancos y
grises -. Este objeto, triangular
alargado y curvo, descansa escultórico en una serie. Una tetralogía con base
verde y diseños rojos sobre fondo marrón-naranja, irrumpiendo en su
centro, aunque algo descentrado cuyo
título es "Reflejos #1, #2,#3,#4".
Este objeto recurrente es de una versatilidad que solo la
capacidad imaginativa de Borges Soto pudo haber concebido. En un bodegón podría ser recipiente de
frutas, en una naturaleza muerta es búcaro con flores, en otra pieza actúa como
una etiqueta de botella y en una más como una especie de cuerno de la
abundancia."Rescatando Almas"
De una u otra manera, esta forma de plata con tres botones -nueva
personalidad de los círculos extraídos de conceptos de obras anteriores
transferidos a la creación actual- interviene como sello característico de esta
reciente colección de pinturas. Podría
sugerir brazos y manos que sostienen un abanico en el (retrato de una dama o
una niña)- permítasenos esta licencia -,
si es que puede dársele nombre a las sugerentes formas que aparecen en
una obra. Otra vez sería cuerpo para
una figura sugerida y a la vez eludida "Mariposa Nocturna". En una ocasión es cinta que decora una
especie de fresco alargado y vertical, quizás el más armónico por la sinuosidad
de las curvas descendentes. Y esto es
así, por que Borges Soto explota la
angulosidad de las formas con la mayor frecuencia, aprovechando esa atención
que crea al oponer esta forma recurrente a las otras de diversas facturas, el
círculo lunar, por ejemplo, en unas de sus obras, o una forma cremosa que puede
ser rostros, cabeza, en otras de sus pinturas.
Este juego de las imágenes dislocadas conducen a reflexionar sobre
un sentido en la nueva plástica de Borges Soto. ¿Hay "representación" o huye de ella? Porque si un elemento hay implícito, pero a
la vez invisible en su obra, es la evasión.
Borges evita ser obvio en las imágenes que pinta. Y surge aquí la paradoja. Por que su pintura tiene fuerza
pigmentaría. Porque hay conciencia del
desdibujo y voluntad de rompimiento con lo tradicional representativo. Apresa formas a la vez que deforma. Y es afortunado al hallar un objeto símbolo
recurrente que da unidad a su colección expandiendo sus funciones en grados
ilimitados y verosímiles. Lo demás es
el juego de las variaciones, que no habrán de faltar en una mente tan creativa
como la de Borges Soto.
¿Hasta dónde conducirá este reencuentro con su manera de los años
setenta y ochentas, explotado ahora con mayor riqueza textural, color y menos
sinuosidad? Tendrá que decidirlo el
artista. Lo que sí puedo prever es que
hallará la forma de no repetirse indefinidamente, dada su fértil imaginación siempre activa.
Tomado del Catalogo “Trayectoria y Obra Resiente”
Por: Ernesto Álvarez, Ph. D.
Artista, Profesor y Crítico de Arte