Recordando a Don Oscar Colón Delgado (nota autobiográfica de Borges Soto)

 

 

Tenia yo unos 9 años cuando mi abuelita Doña Carmen Morales Delgado, viendo mi interés por el dibujo y los colores me llevo al taller de su pariente el pintor hatillano don Oscar Colón Delgado quien daba clases de pintura en los bajos de una casona de madera propiedad de Doña Librada Ramos cerca del Paseo Víctor Rojas en la calle Gonzalo Marín frente a la casa de Dona Trina Padilla de Sanz en Arecibo. Siendo apenas yo un niño y con esa misma capacidades observaba el taller del pintor y curioseaba todo alrededor en aquella parte de la ciudad llena de la magia colonial de ese entonces. Recuerdo los modelos que utilizaba para sus clases de pintura, unas figuras blancas como de tiza y muchas flores y botellas de licores entre otros tantos regados por el taller. Pero como dato curioso siempre he mantenido el recuerdo una pintura colgada en la pared del lado izquierdo del taller cerca de una puerta al fondo de la nave usada para dar las clases, una pintura como de 30 x 40 pulgadas con la figura de un hombre a caballo que no tenia pintado su rostro. Su rostro estaba tapado con pintura blanca como si nunca se hubiese pintado su cara. Siempre pensé que lo había pintado sin rostro para luego poner la cara de algún cliente o prominente personalidad del pueblo. Bueno paso el tiempo y ya caminaba solo desde el barrio Buenos Aires de Arecibo hasta el taller de Don Oscar.  Recuerdo en esa travesía de los sábados, haber visitado un pequeño establecimiento que vendía materiales de pintura y que para mí era en ese entonces como entrar al país de las maravillas. Estaba localizado al costado derecho de la Catedral después del Banco Crédito en un edificio que aun se conserva. Los pinceles, los óleos, las cajitas de pastel de aceite y otros muchos materiales creaban un habiente místico al lugar. Recuerdo que le pregunte Don Oscar si podía trabajar con color, respondiendo a mi temprana edad, solo me miro y me dijo”: creo que podemos probar con pasteles de aceite que son más económicos”. Ni corto ni perezoso corrí ese sábado donde mi abuela y le conté lo que me había dicho Don Oscar. Claro que mi abuela, me hizo esperar hasta el otro sábado para comprar los materiales, pues había que juntar el dinero de alguna forma. Ese  grandioso sábado comencé mi primer bodegón al pastel en el taller del maestro. Me asigno que le llevara un trabajo del natural para el próximo sábado. Recuerdo que me senté en la puerta que daba al patio en casa donde vivíamos en la Calle Salvador Brau en Buenos Aires en Arecibo y comencé a trabajar una mata de maíz con todo y su fruto. Mi abuela muy orgullosa de mi trabajo me acompaño a la clase el sábado siguiente. Don Oscar al ver el trabajo le comento a mi abuela “ el niño tiene mucho talento”, para que fue eso: entusiasmado le pedí a mis padres me compraran una caja de pinturas de óleo. Fue un estuche de madera con unos tubos delgados, y unos potes de cristal con aceite de linaza y trementina. Construí mi propio caballete con alguna madera que encontré en el patio. El maestro enfermo y dejo de dar clases en Arecibo unos meses mas tarde y continuó dándolas en su casa en Hatillo. No pude continuar con las clases pues no había forma de llegar a su casa los sábados, pero si recuerdo con mucho orgullo pasar de paseo algunos domingos y verlo sentado en el bacón junto a la bandera de Puerto Rico que colgada de una ventana de su casa. Yo pregunte a mi abuela porque la bandera. Ella me respondió”: Ese es un tributo a la patria que hace Oscar” a lo que de inmediato pregunte ¿Por qué?  “Al igual que tu tío Toñin él cree en la independencia de Puerto Rico” Y eso es malo replique. Y comenzó la abuela a contarme de los nacionalista y sus cosas...

 

Don Oscar Colón Delgado nació en Hatillo en 1889 ya él era mayor cuando yo visitaba su taller. Mi abuela me contaba que él, al igual que yo, desde su infancia tenia una especial inclinación por la pintura. No siempre fue pintor pues Oscar trabajababa como telegrafista en distintos pueblos de la isla y se dedicaba en su tiempo libre a su vocación artística. Su escuela era la naturaleza y algunos libros. Lucho contra la incomprensión y la pobreza de su época. Para el año de 1938 fundo su propia Academia de Arte en Arecibo. Cuando llego a su madurez fue calificado por la crítica como “una digna e individual prolongación del pincel de Francisco Oller” uno de sus precursores.. Preparó numerosas exposiciones en las principales poblaciones de la isla, entre ellas la Villa del Capitán Correa. Algunas de sus obras forman parte actualmente del fondo artístico del Museo de Arte de Ponce como lo es “La Canasta Vacía” de la cual recuerdo haber visto en su taller con la palabra “Replica” debajo de su firma. Muchas otras obras se conservan en colecciones privadas por toda la Isla y han sido puestas en subasta o vendidas por coleccionistas y personas que las han heredado. El costumbrismo nativo era el tema preponderante de sus retratos, paisajes, bodegones, flamboyanes, cocos de agua y el lavador de piso son algunos de sus lienzos más conocidos. La colección de Seguros Múltiples de PR posee dos piezas de su autoría: “Central Cambalache” un óleo sobre masonite de 1915 y “Paisaje de Arecibo”  un óleo sobre tela de 21 x 36 pulgadas fechado en 1918. Recuerdo haberlos visto por primera ocasión hace varios años en la Galería Don Juan siendo propiedad de la familia Guillan de Arecibo y que luego de restauradas fueron adquiridas para la colección de dicha cooperativa. Estas dos obras se exhiben actualmente en la exposición de arte puertorriqueño “Imagen de una Cultura en Homenaje al Maestro” en el Centro Financiero Cooperativo del Norte CENFICOOP. El Centro Cultural de Hatillo y la Oficina de Turismo conservan varios retratos de figuras políticas y uno del músico puertorriqueño Don Arturo Somohano. Otras de sus obras han quedado plasmada en los murales de una de las escuela de Quebradillas y el excelente decorado del presbiterio de la iglesia católica de San Germán. Escuche decir en repetidas ocasiones a Don Oscar decir “ El arte debía ser expresión de la belleza y que su propósito principal era el de educar al pueblo”.

 

Durante algunos años entre 1963 y 1965 fue profesor de pintura en su Academia en Arecibo, fue en esa ocasión que fui uno de sus discípulos. Antes de su desaparición Don Oscar expuso su obra en el museo de la Universidad de Puerto Rico en Rió Piedras donde fue elogiada por la prensa capitalina. El 23 de julio de 1968 falleció en el Centro Médico Universitario, víctima de un ataque cardíaco.

 

Pasaron los años continúe estudiando, me gradúe de bachillerato en la Universidad de Puerto Rico y en 1977 comencé a trabajar en el Departamento de Educación en aquel entonces Departamento de Instrucción Publica. Para esa época trabajando yo en la escuela superior de donde me gradúe el 1971 la Trina Padilla de Sanz y junto al supervisor de arte de la Región de Arecibo quien fuera mi maestro de arte en la mencionada escuela, planeamos y organizamos la primera exposición de maestros de arte de la región. La misma se la dedicamos a Don Oscar Colón quien sin maestro fue maestro de muchos. A esos fines conseguí de la viuda de Don Oscar una de las ultimas fotografías que le habían tomado en  una Polaroid algo borrosa, pero en fin la utilice para hacer un retrato de mi maestro para la exposición. Esa exposición se celebro en los pasillos del Centro Gubernamental de Arecibo en 1977 donde se devela la pintura que fue elogiada por la viuda y sus hijos por el parecido. Desde esta ocasión se convirtió en una tradición celebrar la exposición y si mal no recuerdo en 1997 fue la mas reciente celebrada.

 

Para la década del los 80s otro de aquellos cuadros que veía en su taller llega a mí para ser restaurado, se trato de una de las veintitantas reproducciones que hiciera Don Oscar del Cristo orando en el huerto de los olivos. Esta pintura pertenecía a la familia Montijo y se me encomendó limpiar, retocar y barnizar la misma. De mas esta decir que fue para mí mas que un trabajo, un honor. Esta obra era un óleo de gran tamaño sobre lienzo.

 

Bueno pero volviendo a las líneas con que comencé este artículo y recordando aquel cuadro de Don Oscar del jinete sin rostro ya en mi adultez conocí la historia real sobre aquella obra que me intrigaba cuando niño. Don Oscar hizo la pintura originalmente con el retrato de Leonidas Trujillo y luego de que este último llegó al poder y se convirtió en el dictador sanguinario que todos conocemos, Don Oscar siendo un hombre sensible y de fuertes principios, creyente de la libertad y los derechos humanos se molesto y tapo el rostro de Trujillo con pintura blanca. Años mas tarde y para no destruir su obra pintó un nuevo rostro imaginario en el cuerpo de aquel erguido jinete sobre un brioso caballo negro azabache. Así termina nuestra historia. Muchas otras anécdotas se cuentan de Don Oscar y su temperamento. Es difícil borrar el recuerdo de aquel maestro que me iniciara en el mundo de las artes. El aun vive en su arte que es un legado de inspiración para todos y que no debemos olvidar a quien sin maestro fue maestro de maestros, que descanse en paz su cuerpo.

 

 

 

Por: Roland Borges Soto

Artista y Profesor de la Escuela Regional de Bellas Artes de Arecibo